Un punto del universo donde todo confluye
Sagrada para todos, porque es el punto del universo donde todos los credos, las razas y las lenguas confluyen. ¿Qué poder de atracción nos embruja y atrae hacia ese lugar?
La Revista Fernanda visitó Israel. El objetivo era participar en un seminario de editoras de revistas femeninas a nivel latinoamericano y fuimos la única publicación mexicana invitada. Guatemala, México, El Salvador, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Colombia, Perú, Ecuador, Argentina y Uruguay estaban representados en este grupo de 13 mujeres y un sólo hombre.
Lo primero que hizo Meno, nuestro guía, fue darnos un rol de ubicación para tener nuestro primer encuentro con Jerusalén: la ciudad vieja, el corazón de este país, la región de las tres grandes religiones monoteístas del mundo y, de hecho, de todos los pueblos que las practicamos. Es un microuniverso que cabe en un kilómetro cuadrado, rodeado por una muralla; lugar en el que se erigen, entre callejuelas, bazares, colores y una multitud variopinta, tres grandes santuarios del cristianismo, el judaísmo y el islamismo: la Basílica del Santo Sepulcro, el Muro de los Lamentos y el Domo de la Roca.
Nuestra visita empezó con una vista panorámica desde el Monte de los Olivos. Meno, en su perfecto español y su gran cúmulo de conocimientos, nos dio tanta información que necesitaría un especial para contarles todo; pero más que saber, en esta ciudad hay que “sentir”, transportarse con la imaginación a los tiempos de Salomón, del Rey David, de Poncio Pilatos y de Jesús, tratar de visualizar cada pasaje relatado en La Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Como diría Meno, para hacer esta visita no hay mejor guía de turistas que ese libro sagrado, porque los lugares, siglos después, se llaman igual y siguen en el mismo lugar. Ustedes nada más señalen un pasaje: ahí siguen Jericó, el Monte Sinaí, Canán, el río Jordán, Cafarnaum, Belén, Getsemaní, Nazareth… y hasta un atisbo al futuro si creemos en las predicciones del Armagedón, palabra que se deriva de Ar Meggido, el nombre de una plácida población que, se cree, será el escenario de la batalla del final de los tiempos como lo fue en el pasado en varias ocasiones.
Con ganas de revivir la pasión de Cristo uno empieza su caminar desde el huerto de Getsemaní, cerca de donde hoy se asienta la Iglesia de las Naciones; se desciende hacia Jerusalén para ingresar por la Puerta de los Leones y pasar por la casa de Poncio Pilatos; se continúa por cada una de las estaciones del Vía Crucis hasta llegar a la Basílica del Santo Sepulcro, con sus tres puntos de especial atención: el altar donde estaba El Gólgota, cerro en que fue crucificado Jesús, la Piedra de la Unción, donde fue depositado su cuerpo para limpiarlo con aceites aromáticos y cubrirlo con el sudario y, el Santo Sepulcro, una pequeña capilla cuyo acceso puede exigir hacer fila por dos horas o más. Con un buen guía también es posible hallar la tumba de José de Arimatea, el hombre que donó la gruta en la que se guardó el cuerpo del Maestro. Para muchos, este punto es el verdadero lugar de la resurrección. ¿Cómo saberlo? Cerca de ahí, está el punto donde se dice que Santa Helena -madre del emperador Constantino-, 300 años después de la muerte de Cristo, encontró los restos de la cruz.
Jersusalén, la blanca, la antigua, la tantas veces destruida y vuelta a renacer; la de los cuatro barrios -cristiano, judío, árabe y armenio- sigue ahí, tendida sobre las suaves ondulaciones de las colinas, reverberando bajo el Sol. Todas las edificaciones modernas, por decreto, son blancas y recubiertas de la misma piedra que las construcciones antiguas para no romper con la armonía del estilo: ni una pincelada de color da la nota discordante… La ciudad vieja es tan pequeña que se tiene la impresión de que se le puede recorrer en un abrir y cerrar de ojos, pero hay tanto que ver… tantos lugares de significado, tantas encrucijadas parecidas, tan laberínticas calles que inevitablemente termina uno con los pies maltrechos y los bolsillos vacíos de comprar recuerdos, reliquias, detalles pintorescos…
Comidas y cenas nos llevaron por diferentes restaurantes donde probamos los platillo locales, con gran énfasis en las verduras, sobre todo berenjena, los quesos y los pescados como salmón y arenque, sin faltar el falafel, tahini, humus y pan pita, salpicados de aceitunas y otros encurtidos.
Recuperando el pasado
Un punto que no debe pasarse por alto en Jerusalén es la visita a Yad Vashem, el Museo del Holocausto. Independientemente de su novedosa arquitectura (un pasillo largo y ascendente que parece cortar en dos una colina y por el que no se avanza linealmente, sino visitando salas en zigzag), es su contenido el que lo hace tan importante y que nos trae a la mente aquella frase de José Martí: “El pueblo que no recuerda su pasado está condenado a repetirlo”… y lo de pueblo va por todos nosotros, ciudadanos de la aldea global en que hemos convertido al mundo. Sala por sala vamos conociendo las condiciones sociales previas a la Segunda Guerra Mundial para entender los antecedentes que permitieron que el nacionalsocialismo se diera en Alemania; así mismo, pasamos por los primeros signos de antisemitismo y la creación del ghetto de Varsovia, hasta el surgimiento de los campos de exterminio para cumplir la medida nazi que sería conocida como “la solución final”.
En la Sala de los Nombres una cúpula se recubre de las fotos y el registro escrito de muchas víctimas, memoria que se sigue documentando: desde las fotos nos ven rostros tristes, anónimos, ávidos de justicia. Afuera, un sendero nos lleva al Monumento a los Niños; uno entra a ciegas a esa sala oscura donde lucecitas fantasmagóricas parecen flotar en el aire, entre fotos de infantes y una voz solemne que recita el nombre, edad y la procedencia de cada uno de ellos.
De ahí, seguimos a Tel Aviv-Yaffo, dos antiguas ciudades hoy unidas en una sola. Si Jerusalén es la mística, Tel Aviv, con sus rascacielos frente al mar, sus boutiques, restaurantes y vida nocturna, es la cara moderna de Israel. La recién remodelada Yaffo es rica en pintorescas callecitas, galerías y cafés que invitan a caminar buscando el shopping más original. Los restaurantes frente al mar dan gusto a todos los paladares con sus múltiples opciones. En esta ciudad, además, se encuentra el Instituto Weitzman, donde acuden universitarios de todo el mundo para obtener sus títulos de maestría o doctorado, con la reputación de esta institución para forjar premios Nobel. Plazas, vida cultural, calles animadas, novias en los parques y la serenidad del Mediterráneo como panorámica hacen de la visita a Tel Aviv algo espectacular.
¿Cabe todo un universo en 500 kilómetros de largo por 80 de ancho? Si te sientes tentada a contestar que no, vuelve a pensarlo y te voy a dar una sola pista para cambiar tu respuesta: Israel.
Qué hacer
La ruta de Jesús. Arranca en la Iglesia de la Anunciación, en Nazareth y sigue por el camino de los milagros: Canán, donde Jesus convirtió el agua en vino; el Monte de las Beatitudes, donde dio el sermón de la montaña y de ahí, bordeando el Mar de Galilea, Cafarnaum en cuya sinagoga ejerció como rabí; la Basílica de Tabgha, donde multiplicó los peces y los panes, hasta llegar a Yardenit, donde Juan lo bautizó. Excursión que cuesta entre 79 y 100 dólares.
Masada, Ein Guedi, Mar Muerto. Por teleférico o a pie puedes llegar a esta ciudadela construida por Herodes el Grande, escenario del suicidio colectivo de un grupo de judíos que no quiso doblegarse frente a los romanos y que hoy son recordados como héroes de la resistencia. De camino al Mar Muerto y sus prodigiosas aguas ricas en minerales (en las que, literal, flotas como corcho), visita el kibbutz (granja comunitaria) Ein Guedi que cuenta con su propio spa. Excursión de un día. Entre 92 y 109 dólares.
Cesárea, Haifa, Accre y Rosh Hanikra. Excursión de un solo día que nos lleva de ruinas romanas a los espectaculares jardines Bahai, para seguir hacia la ciudad de los Templarios y una gruta irrumpida por el mar, casi en la frontera de Líbano, comparada con la Gruta Azul, de Capri. Alrededor de 100 dólares.
Luz y sonido en la Torre de David (Jerusalén). Pasajes históricos del pasado se siluetean sobre ruinas de más de 2000 años de antigüedad, combinándose con estampas contemporáneas y música de gran belleza. Adulto: 50 NIS (nuevos shekels israelitas), algo así como 14 dólares.El espectáculo Momentum, de Mayumaná. Yaffo. Seis jóvenes, practicantes de las artes escénicas se comunican con la audiencia sin necesidad de palabras, usando música, sonidos y sus cuerpos. Mayumaná es la compañía y tiene varios espectáculos, algunos itinerantes. 159 NIS, alrededor de 60 dólares por persona.
Cómo llegar
Mexicana y las principales aerolíneas internacionales, como Delta, KLM, Air France y otras, vuelan a Israel. Es cuestión de comparar precios y horarios.
Dónde quedarse
Las grandes cadenas hoteleras ofrecen tarifas que van desde 45 y hasta 200 dólares la noche por persona. Lo mejor sería buscar un paquete que incluya alojamiento, transportación y tours; además, ahí mismo se sugieren los lugares a visitar cada día en lo horarios adecuados. Los precios varían según la temporada. Las semanas de Pascua y Semana Santa están muy cotizadas.
Dónde comer
Ima. En Jerusalén . Comida casera, “ima: significa mamá, por tanto, se trata de comida casera típica de oriente medio.Magenda. En Tel Aviv. Comida yemení, con predominancia de carnes asadas y deliciosas ensaladas.
Además, en múltiples cafés y restaurancitos al aire libre se ofrece comida mediterránea, con especial predilección por la italiana, sin olvidar el local sabor del falafel.

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