Detrás de una pregunta siempre está la necesidad de saber. Desde la curiosidad de la infancia hasta la más profunda búsqueda del conocimiento, el ser humano se ha tenido que interrogar para saber.
La palabra preguntar viene del latín precontari, que significa buscar. Quien se interroga sobre algo es porque quiere encontrar una respuesta que deje satisfecha su lógica. La pregunta siempre ha sido el primer paso en la investigación científica. ¿Cómo funciona esto?, ¿cómo se puede modificar? Al ir encontrando las respuestas se van obteniendo conocimientos, pero las interrogantes nunca acaban.
La acción de preguntar es el instrumento adecuado para aprender. Quien no se pregunta no ve las posibilidades y queda atrapado en los límites de sus problemas. Para solucionar cualquier cosa en la vida, el camino es preguntar. ¿Cuáles son las alternativas?, ¿qué pasaría si hago algo diferente?, ¿a quién puedo acudir para que me ayude?
Preguntar es también la herramienta indispensable para conocerse a uno mismo. ¿Alguna vez te has preguntado por qué crees tal cosa?, ¿por qué reaccionas de tal o cuál manera?, ¿por qué realmente deseas obtener cierto objeto? Las preguntas también nos ayudan a evaluar nuestras acciones y comportamiento, sólo a partir de ahí se puede mejorar.Lo cierto es que la práctica de preguntar ha ido quedando de lado y nos conformamos con lo que nos es dado. Aceptamos que el teléfono celular funciona, pero ya no preguntamos cómo. Se acepta lo que dice un noticiario sin cuestionar su veracidad y, lo que es peor, se acepta lo que dice un anuncio publicitario como verdad. No cuestionar es dejar que otros decidan por uno, que le digan cómo debe ser, a dónde debe ir, cómo vestirse y cómo pensar. El problema aquí, si uno acepta lo que le dicen sin cuestionarlo, es que en realidad no está pensando, no sabe quién realmente es y acepta formar parte de una gran rebaño completamente manipulado.Preguntar es explorar, ampliar los horizontes, quitarse las vendas de los ojos… pero también hay qué saber hacer buenas preguntas si se quiere encontrar buenas respuestas. Un maestro en la facultad de derecho de la UNAM solía dar un punto extra en la calificación al alumno que hiciera una pregunta realmente inteligente.La gente más creativa y los mejores científicos dudan y se cuestionan sobre todo y todo el tiempo. Todos los objetos que usted utiliza en su vida son la respuesta creativa a una pregunta que alguien se hizo. ¿Cómo hacemos para transportarnos más rápido?, ¿cómo hacemos para mantener los alimentos frescos? Desde un simple peine hasta la tecnología satelital, todo ha surgido de una pregunta.Uno de los consejos de los maestros más sabios a sus alumnos siempre fue: “no des nada por hecho”. Cuando dudamos y cuestionamos la realidad que nos rodea, se amplían los límites de nuestros conocimientos. El que se cuestiona sobre sí mismo se conoce y evoluciona.El ser humano, creativo y dotado con la capacidad de razonar, no puede ser feliz si cancela en sí mismo su capacidad de resolver por qué está traicionando su propia naturaleza.Para quien está ávido de saber, una pregunta se convierte en un desafío que la mayoría de las veces le embarca en una aventura enriquecedora de descubrimientos. Preguntar es una actividad que estimula constantemente el intelecto y el espíritu, pero requiere estar abierto a la posibilidad de que las cosas no sean como creíamos, requiere la humildad de aceptar: “No sé”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario