Hay situaciones y eventos que tuvimos en la infancia y que preferimos esconder o evitar porque son dolorosos o porque resultan vergonzosos. Los primeros años de la escuela y la convivencia familiar se convierten en un laboratorio de experimentación donde vamos forjando nuestro carácter y temperamento, y si hubo situaciones que nos hicieron sentir incómodos o tambalearon nuestra autoconfianza, vamos creciendo sin ese ingrediente de autoestima tan necesario para tener una imagen propia lo suficientemente sana y fuerte para establecer relaciones interpersonales sólidas.
Cuando vivimos situaciones que mermaron nuestra seguridad, vamos haciéndolas a un lado, ya sea superándolas o escondiéndolas, porque nos producen dolor y preferimos olvidarlas. Aunque no del todo, pues cuando somos adultos y se nos presentan situaciones similares, emergen del subconsciente y no las sabemos enfrentar, ya que nunca supimos resolverlas. Si toda la vida se burlaron de nuestros pies, seguramente crecimos tapándolos; si siempre padecimos sobrepeso, hoy nos aterra volver a él; si antes odiamos hablar en público, hoy le seguimos rehuyendo... y así, hasta asuntos de más importancia como nuestra preferencia sexual o nuestro modo de vida o condición social.
A pesar de que nuestro entorno social -factores externos- influyó en nosotros para ser lo que hoy somos, conforme vamos madurando se vuelve un desafío aceptarnos tal cual somos. “El reto es para quienes no han encontrado sentirse a gusto dentro de su propia piel… para quienes sienten que el mundo les debe pagar por no haber tenido lo que hubieran querido en la vida y para quienes la envidia los ciega a tal grado, que no pueden ver sus propias virtudes”, explica la especialista.
Víctor Íñigo Contreras, Presidente y Fundador del Instituto de Consejería y Análisis de Temperamento A.C., agrega: “Cuando hablamos de aceptación personal se vislumbra el reto que tiene un individuo de aceptarse, incluso con partes que no le gustan de sí mismo o con aspectos negativos de su personalidad. Prefiero el termino ‘autoestima’, que implica el valor que se da el individuo a sí mismo en diferentes áreas de su vida, pero siempre enfocados en aspectos positivos y que validan al individuo. La búsqueda esencial de todos los seres humanos es el reforzar nuestra autoestima, en todo lo que hacemos”.
Una parte fundamental en el proceso de autoaceptación es el autoconocimiento. Si bien los referentes con los que crecemos nos ayudan a construir nuestra identidad, no son determinantes ni definitorios para aceptarnos tal cual somos. “Nuestra personalidad se conforma del temperamento y el carácter. El temperamento es una parte innata y consistente a lo largo de nuestra vida; el carácter se ve influenciado por múltiples factores externos, como nuestro entorno, experiencias vividas, etc. Conocer acerca de nuestro temperamento nos puede dar herramientas para entender las necesidades básicas que debemos satisfacer para reforzar nuestra autoestima, así como reconocer nuestras fortalezas y debilidades, incrementando nuestro grado de aceptación personal. Sin embargo, debemos estar conscientes de que hay partes de nuestro temperamento que podemos desarrollar y otras que podemos contextualizar, lo cual está íntimamente ligado con el… ¿cómo quisiera ser? O, ¿cómo quisiera que los demás me perciban? Ninguno de estos aspectos tienen necesariamente que ser negativos; por ejemplo, si una característica de mi temperamento es que soy desorganizada(o), que el orden no es importante para mí, pero mi jefe exige que sea ordenada(o), el hacer todo lo posible por lograrlo o que mi jefe me perciba así puede convertirse en una gran herramienta de adaptabilidad”, explica Víctor Íñigo.
El reconocido terapeuta argentino, Jorge Bucay, dice en su libro “Las 3 preguntas” que “… para poder saber quién es uno, resulta necesario el propio amor, como lo llamaba Rousseau, y que para sentir el mejor amor por uno mismo es imprescindible conocerse totalmente. Este saludable egoísmo, como a mí me gusta brutalmente llamarlo, incluye mi capacidad de quererme, mi autoestima, mi sensación de saberme valioso y el orgullo de ser quien soy”.
Si sucede a la inversa y no hay tal amor propio, hay un origen específico. Agrega Víctor Íñigo: “No tener suficiente validación, no tener claras mis fortalezas, mis valores y todas esas cosas que me hacen tan especial y tan diferente de los demás, puede surgir en cualquier etapa de la vida, desde la más tierna infancia hasta ya entrada la edad adulta, cuando descubro la enorme insatisfacción que me causa hacer un trabajo rutinario y repetitivo y que he hecho durante los últimos quince años, cuando mi estilo de temperamento exige estimulación y variedad de actividades como necesidades básicas”.
En el caso de quiénes consumen drogas o se exceden en el consumo de alcohol, son “conductas especificas que no necesariamente están relacionadas a una misma causa. Todas las personas de todos los temperamentos podemos tener conductas parecidas, pero desencadenadas por diferentes estresores. Debemos de dejar intentar ver al individuo con etiquetas y estereotipos y tratar de entender qué es lo que lo lleva a tener conductas especificas... Al no cubrir las necesidades básicas de mi estilo de temperamento puedo establecer interrelaciones con los demás que podrían llegar a ser muy destructivas y crear enormes resentimientos. Las interacciones negativas asociadas a conductas destructivas y/o auto-destructivas siempre tendrán diferentes grados, dependiendo de la cantidad de frustración y/o estrés generado en dicha interacción”, añade el especialista.
LO QUE HAY DEBAJO
Hay personas que no aceptan muchas cosas de su vida y no viven cómodas, ya sea por su origen familiar, las burlas de sus compañeros de la infancia, la descalificación de los padres, los defectos físicos, la violencia en casa... Guardamos situaciones debajo del tapete, las escondemos y no las hablamos nunca porque nos producen dolor. Incluso, nos da miedo enfrentarlas, así que mejor miramos hacia otro lado...
En el fondo de la no autoaceptación estriba “la envidia de lo que no se tiene, además de la sensación de que la vida ha sido cruel e injusta. La envidia les hace devaluar todo lo que les rodea, como un reflejo de su propia devaluación. A estas personas todo les parece poco; ellas mismas se sienten poca cosa, se sienten inadecuados, en desventaja y resentidos con la vida”, apunta la doctora Kanan.
Las repercusiones más evidentes se dan en todos los ámbitos de la vida: familiar, amistosa, sexual, laboral, espiritual. “Una persona que no se acepta tiene repudio hacia sí misma, por lo tanto, una incapacidad para relacionarse a nivel significativo y profundo. Al no poderse dar nada a sí misma, no puede dar nada a nadie. Su autodevaluación le hace sentir que no merece nada, por lo tanto, también presenta una incapacidad para recibir las bondades de las relaciones humanas. Este empobrecimiento personal, con su concomitante pesimismo y devaluación a todo lo que le rodea, impide que pueda aportar lo necesario para establecer y sostener lazos familiares significativos, amistades duraderas, relaciones de amor recíprocas y satisfactorias y ni un desarrollo laboral adecuado. La persona que no se acepta se resigna, acepta cosas que deberían ser inaceptables y arriesga continuamente su dignidad. Esto le pone en una posición vulnerable para ser humillada, sometida, controlada”, añade la también psicoterapeuta.
EL CAMINO HACIA EL AUTOCONOCIMIENTO
Conocernos implica un largo proceso reflexivo y abierto, tal vez doloroso, pero necesario.
Para el experto en consejería, “los procesos de autoconocimiento, en donde el individuo se hace consciente de quién es, qué lo hace valioso y cuáles son sus propias limitaciones”, es una de las formas que allanan el camino de la autoaceptación.
Para la doctora Kanan, “el alivio de la cárcel del autorrepudio estriba en encontrar sus raíces en los temores profundos e inconscientes dentro de un tratamiento psicoanalítico”
LA AUTOACEPTACIÓN COMO ELEMENTO FUNDAMENTAL PARA EL DESARROLLO DE LA AUTOESTIMA
· Aprender a aceptarse es admitir con orgullo las propias habilidades y capacidades, pero también reconocer las fallas o debilidades sin sentirse devaluado. Como personas, tanto en lo personal como en lo laboral, somos susceptibles de estar equivocados.
· De nada sirve saber que somos de determinada manera por referencia de los otros o por un breve momento de luz en nuestra conciencia; hay que acoger la verdad y tener una disposición para vivir lo que nos acontece de manera consciente.
· La autoaceptación requiere que enfoquemos nuestra experiencia con una actitud que vuelva irrelevantes los conceptos de aprobación o desaprobación.
· Aceptarnos a nosotros mismos no significa carecer del deseo de cambiar, mejorar o evolucionar. La autoaceptación es la condición previa del cambio. Si admitimos lo que sentimos y somos en cualquier momento de nuestra existencia, podremos percatarnos plenamente del porqué de nuestras elecciones sin bloquear nuestro desarrollo personal.
· “Aceptar” no significa necesariamente “gustar”, sino experimentar sin negación y sin evadirnos. Es importante reconocer que un hecho es un hecho; que se es lo que se es y que uno siente lo que siente en un momento determinado, y es un error negar ese sentimiento.
· Aceptarnos es dejar de combatir lo que sentimos y lo que somos, es rendirse a la realidad y acogerla. Cuando esto sucede, puede advertirse que uno comienza a relajarse un poco, a sentirse más cómodo con uno mismo y más auténtico.
· Para trascender los sentimientos indeseables tenemos que abrirnos a lo que experimentamos, permanecer conscientes de ello y recordar que somos más poderosos que cualquier emoción, pues la aceptación plena y sincera tiende, con el tiempo, a disolver sentimientos incómodos tales como el dolor, la ira, la envidia o el miedo.
· Cuando aprendemos a aceptar nuestras características o conductas pasadas, dejamos de verlas como una catástrofe y entonces dejan de ser nuestros amos.
· Al igual que es importante admitir las cosas poco gratas o negativas en nosotros, también lo es aceptar las características positivas y reconocer que poseemos potenciales poco desarrollados que constituyen toda una oportunidad de crecimiento.
· Para lograr una total autoaceptación es vital admitir que nuestro cuerpo y nuestro ser interior son infinitamente sabios para ayudarnos a tomar las mejores decisiones. Así aprenderemos a confiar en ellos cada día más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario