Sigue siendo parte de nuestro entorno
Los seres humanos tenemos la posibilidad de comunicarnos entre nosotros para dialogar y alcanzar acuerdos que nos permitan vivir en paz. En latín, la palabra paz está relacionada con pacto, que a su vez es el concierto o tratado entre dos o más partes que se comprometen a cumplir lo estipulado.
La comunicación nos brinda el poder de actuar concertadamente. La violencia es la ruptura de la comunicación, el rompimiento de la solidaridad en las relaciones humanas. El estallido de la fuerza reduce el intercambio a mera arbitrariedad. Se recurre al golpe brutal como árbitro final. La violencia es una muestra de que se ha perdido la capacidad de comunicación y es prueba de fragilidad e incapacidad.
Desde las guerras hasta el maltrato doméstico, todas las rupturas violentas tienen consecuencias de marginación, exclusión y dominio. El poder ya no está legitimado por la concertación y el acuerdo. Siendo así, al resultado no se le puede llamar paz. Por eso es absurdo que se haga la guerra en nombre de la paz, la violencia implícita en cualquier beligerancia no puede resultar en su contrario.
La palabra violento define al que está fuera de su natural estado, situación o modo. Nos habla de algo falso, torcido, que se separa de su posición natural de equilibrio; un acto que se ejecuta contra el modo regular o fuera de razón y justicia. Es claro que el estallido de violencia conlleva, antes que nada, una ruptura en el estado natural y equilibrio interior de quien la ejerce. Además de la pérdida de la capacidad comunicativa, hay una pérdida de control y poder sobre uno mismo.
Cuando alguien presenta una conducta violenta ha abandonado la conciencia de su condición humana perdiendo el dominio de sí mismo. Erich Fromm decía que “la violencia es la transformación de la impotencia en la experiencia de la omnipotencia; es la religión de los lisiados psíquicos”. La inseguridad que tiene un individuo violento responde a que en el fondo siente un miedo tan grande que es capaz de hacer cualquier cosa para deshacerse de él: emborracharse, drogarse o ponerse agresivo. En el momento de atacar, el dolor del miedo desaparece.
Como su sentido de identidad se basa en su imagen ilusoria, reacciona cuando ésta se ve amenazada. Es por esto que no tolera ningún tipo de crítica o desacuerdo y se defiende con violencia. Su narcisismo es como una gran burbuja de jabón, se ve muy bella pero es muy vulnerable, no de ser dañada, sino de desaparecer completamente.
El tipo violento busca realzar su sensación personal de dominio debido a una enorme sensación de impotencia que le atormenta. En la mayoría de los individuos violentos encontramos factores comunes como una tremenda inseguridad, cobardía, sensación de inferioridad, narcisismo extremo, envidia a quien tiene las cualidades de las que carece, falta de capacidad para ligarse afectivamente y falta de alegría.
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