Desde la infancia, cuando uno comienza a tener relaciones con el sexo opuesto, se anhela encontrar con quien obtener la felicidad, el amor de la vida…
La necesidad de sentirse amado es natural, pero cuando nace de una baja autoestima sólo se está buscando en la pareja algo que compense una carencia de afecto. Se espera recibir, sólo eso… y ésta es una necesidad pueril.
La idea del sacrificio de amor es muy romántica. Sin embargo, conlleva una contradicción: Si el amor busca la felicidad, ¿cómo puede aceptar el sacrificio? El enamorado no sufre regalando ni recorriendo grandes distancias para ver a su amada. Hasta podríamos decir que le es fácil. Los padres que aman a sus hijos con gusto cambian su propia comodidad para favorecerlos. Lo mismo ocurre en el noviazgo cuando se trata de ir, venir, dejar de hacer o hasta escalar una montaña.
Lo que sí es difícil de sacrificar es la figura idealizada del amor. La mayoría de la gente ha soñado alguna vez en su vida con encontrar a la pareja ideal: el famoso príncipe azul o la mujer perfecta. Desde la infancia, cuando uno comienza a tener relaciones con el sexo opuesto hasta ya entrada la madurez, se anhela encontrar a alguien con quien obtener la felicidad, el amor de la vida.
Cada uno construye su propia fantasía de acuerdo con lo que le gusta. Según las épocas van variando los ideales. En la actualidad, se ha resaltado la cualidad de la belleza física. Proliferan los gimnasios y los salones de belleza. Ser visto y gustado se ha vuelto una prioridad. Esta figura ideal se empieza a construir en la infancia. Los modelos paterno y materno juegan un papel muy importante. No es verdad que todos los niños buscan más tarde una mujer como su madre. Esto depende de la experiencia que hayan vivido en relación con su madre. Algunos procuran encontrar exactamente lo contrario.
Lo que tienen en común las figuras idealizadas es que cumplen expectativas de lo que uno quiere recibir, no de lo que se quiere dar. De ahí el príncipe que rescata o la mujer bella y comprensiva. Es el ideal del complemento de aquello que se quiere ser. Un niño que sueña con convertirse en héroe soñará con una mujer frágil y desgraciada a la que pueda rescatar. Algunas niñas quieren ser “necesarias” y desean un hombre con alguna deficiencia que ellas puedan cubrir.
Por siglos, muchas figuras idealizadas se inspiraban en prototipos de cuentos, leyendas y relatos. El conquistador, el héroe, la princesa, la cenicienta, etc. Actualmente se han creado nuevos modelos a través de la publicidad. El que tiene su propio avión, el que toma tal bebida, la mujer que utiliza cierto tinte en el cabello. También se han agregado modelos como las estrellas de cine y televisión, o deportistas que ganan fortunas.
Cualquiera que sea la figura idealizada suele ser un estorbo en la mayoría de los noviazgos. El otro puede parecerse, pero jamás será igual ni podrá cumplir todas las expectativas. Para quitarla de en medio, es necesario traerla a la conciencia, analizarla, ver lo que es, entender todo el absurdo que la rodea y deshacerse de ella. Esto es trabajo de cada quién.

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