martes, 7 de diciembre de 2010

Compasion y dolor - Por: Jorge Velazquez

Conozca más sobre la relación entre el dolor y la compasión .

A lo largo de la historia, los curanderos, los profesionales de la salud y los terapeutas, hemos buscado siempre lo mismo: aliviar el dolor. Sabemos que es una realidad de la vida humana.



Todos hemos experimentado alguna vez la soledad, el fracaso o la desilusión. En el transcurso de la vida, el ser humano se ve, muchas veces y de maneras muy diversas, confrontado con el dolor. A quien logra sobrellevarlo, le sirve de impulso y estímulo; a otros el dolor les carcome lenta e irremediablemente. Algunos hacen todo por evadirlo o negarlo, pero es inútil. Todo dolor negado regresa por la puerta trasera, después permanece largo tiempo como una experiencia traumática y puede ser la causa de un sufrimiento perdurable. Con el tiempo, algunos se dan cuenta de que habría sido mejor hacer frente directa y conscientemente a la experiencia del dolor. Para ello, con frecuencia es necesaria la ayuda de un psicoterapeuta. No se puede esquivar el dolor, no se le puede ignorar una vez que se presenta. Tarde o temprano, todos tenemos que llorar la pérdida de un ser querido. El dolor debe aceptarse y experimentarse. Cuando no se le reconoce es imposible aliviarlo.





La mayoría de nosotros sabemos del propio dolor, sin embargo, del ajeno se percatan sólo aquellos que poseen una cierta sensibilidad y son, por lo tanto, capaces de percibir las necesidades de sus semejantes. Aún así, no siempre saben cómo ayudar. Hay quienes agobian al que sufre inundándolo de consejos y consuelos triviales como “no es tan terrible” cuando la experiencia del dolor sí es algo terrible, o mencionan que hay quien sufre más cuando esto no alivia a nadie. A otros les encantan los sermones como “es la voluntad de Dios, él sabe lo que hace”, dichos que lo único que hacen es conseguir que el sufriente se sienta peor, no sólo padece el dolor de su pena sino que a ésta se agrega el miedo a la ira de un dios cruel que le castiga. A pesar de que muchos han tratado de ensalzar el dolor, la naturaleza humana se rebela espontáneamente contra éste y rechaza el sufrimiento en cada una de sus formas.



La mejor manera de ayudar a una persona que sufre es aceptar sus sentimientos, escuchar lo que nos quiere contar y sobrellevar con él el dolor lo mejor que se pueda. El teólogo alemán Romano Guardini señala que compasión, significa "ver, escuchar, sentir como, detrás de un sentimiento que se muestra, detrás de un pensamientos que se expresa, hay mucho más que permanece oculto y, cuando lo que ha estado oculto es finalmente conocido, puede ser que detrás de ello, exista todavía más”.



La compasión inicia con un profundo respeto ante lo que el otro está sintiendo. Ser compasivo no es ser sentimental. Quien se deja llevar por los propios sentimientos no es capaz de ayudar a nadie, sólo consigue que en lugar de uno, sean dos los que sufren. El compasivo es el que reconoce las necesidades del otro. El sentimental caerá desmayado ante las heridas y la sangre; el compasivo, lo ayudará y lo cuidará.

No hay comentarios:

Publicar un comentario