Colorido y terrenal. Mitos y realidades. Espacio para sonñar. Así es Uganda. Es un tanto irónico que la forma menos cara de llegar a Uganda es mediante la línea aérea más lujosa del mundo: Emirates. El vuelo de Dubai a Entebbe casi siempre trae un pasaje mixto de misioneros mochileros y entusiastas safaristas. A ...orillas del lago Victoria, Entebbe es una ciudad provinciana y muy colonial, donde los británicos se encontraron más a gusto que en la actual capital, Kampala, que está a unos 40 kilómetros tierra adentro.
Sir Winston Churchill en su libro My African Journey relata las impresiones que le dio Uganda durante una visita en 1907, y que influyó enormemente en el deseo de muchos colonos para venir a radicar aquí, incluso después de la independencia. Pero durante el régimen golpista de Idi Amín, todo cambió; los extranjeros se fueron del país, los parques naturales cayeron presa de los cazadores clandestinos y el turismo se espantó. Hoy, los 31 millones de ugandeses son pocos en relación a la abundancia de sus recursos, por tanto su problema no es la sobrepoblación sino el subdesarrollo, en gran medida auspiciado por la complacencia de que nada es urgente. Pero la inversión extranjera y la calma política han fomentado el creciente interés por desarrollar el país como una potencia turística, ya que ninguno de sus vecinos tienen la misma estabilidad: Sudán al norte, Kenia al este, Tanzania y Ruanda al sur y la República Popular del Congo al oeste.

De Entebbe a Masindi
A menos que tengan un interés antropológico en conocer la capital, Kampala tiene apenas suficientes atractivos como para entretener al visitante unos 15 minutos (más tráfico). Pero ya entrando en la carretera a Masindi, comienzan a desplegarse uno tras otro los encantos naturales. El 85% de los ugandeses son rurales y todavía muchas de sus casas son las tradicionales palapas circulares con un tragaluz al centro. La carretera, en perpetua obra de mejoramiento, es lenta y folclórica. Los 350 km se recorren en casi 7 horas, hay un tramo de unos 100 km que ostenta topes cada 15 metros y son del tamaño de un tronco, totalmente incomprensibles. Pero permiten admirar el paisaje con mucho detenimiento; las praderas tapizadas de papiros, las terracerías rojas, los cientos de nidos de termitas que parecen chimeneas de adobe y los muchos comederos a pie de la carretera que ofrecen tilapias del Nilo y cervezas bien frías. Toda la sabana con sus acacias espaciadas y una sensación de que el tiempo transcurre sin prisa, hace del camino un verdadero placer. En Masindi, hay que esperar el ferry para cruzar el río y llegar al Parque Nacional de Murchinson, donde hay varios hospedajes, desde los muy lujosos hasta los austeros como el Red Chilli o el Sambiya Lodge. Desde aquí ya se puede escuchar el ruido de las cascadas y el alboroto de la fauna que se dispone a pasar la noche.

El Nilo alborotado
Los guías del parque son la mejor opción para conocer los buenos lugares. Hay que regresar a la carretera para subir a ver las cascadas Murchinson, donde el río más largo del mundo se topa con un embudo de roca que lo obliga a pasar de 50 m de ancho a 7, y además desplomarse por un escalón de unos 40 m. El estruendo es tan violento como espectacular. Hay otro sector de más de 20 km de largo, donde el Nilo pasa por un abrupto lecho formando rápidos que lo hacen ver como un río de espuma entre la jungla. Hacia el norte, las aguas se vuelven a calmar antes de vaciarse en el Lago Alberto. Y es por allí donde se encuentran las poblaciones más apretujadas de hipopótamos y cocodrilos, mientras que en la sabana hay todo tipo de antílopes, búfalos de agua, elefantes, jirafas, jabalíes y leones. Pero para un deleite incomparable, hay que ir al bosque Rabongo para ver y escuchar las escandalosas familias de chimpancés. Ningún otro parque de África ofrece tanta variedad de vida silvestre como el Murchinson. Conocer este parque es sin duda conocer lo mejor de Uganda y una de las caras menos típicas del Nilo.
Nota:
Muchos de los animales que se usaban para el circo romano se embarcaban desde aquí para hacer la larga travesía fluvial hasta Alejandría y de allí a Roma.

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