viernes, 8 de octubre de 2010

Antigua y Flores (Guatemala)

A escasas dos horas de vuelo desde la Cd. de México, se llega al aeropuerto de La Aurora, curiosamente enclavado en el centro de la capital guatemalteca;  tanto, que da la impresión de estar aterrizando en la avenida principal. La ciudad tiene pocos atractivos, a excepción del volcán Pacaya, por lo que vale la pena desembarcar y dirigirse de inmediato a La Antigua, que es no sólo una ciudad colonial espectacular, sino también punto de partida a otros pueblos interesantes como Panajachel y Quetzaltenango. Y para completar la visita a este país, hay que regresar a Guatemala para volar a Flores, en el Petén. Un contraste enorme entre los lagos y volcanes de la costa del Pacífico y la selva tropical de la costa del Caribe. La razón por la que todo mundo va a Flores es para visitar las zonas arqueológicas, especialmente Tikal.  La Antigua y PanajachelA pesar de ser plena época navideña, nada aquí recuerda su presencia excepto por las multitudes que atiborran el lugar. La Antigua es famosa por su excelente café y Starbucks afortunadamente brilla por su ausencia; en vez de eso está el Café Condesa en la plaza, donde los expresos pueden causar adicción instantánea. Recorriendo las calles empedradas de aspecto más bien ondulado, se ven en los muros de sus edificios, las temibles cicatrices de cientos de sismos que eventualmente, obligaron a la capital a mudarse a la ciudad de Guatemala. El paisaje con el que todas las calles desembocan es montañoso, con volcanes perfectamente cónicos. Para quienes tienen en mente un hotel de lujo, está la Casa Santo Domingo, probablemente uno de los mejores de toda América, pero también hay hospedajes muy atractivos como la Posada de Don Rodrigo. Comer, beber, pasear y posiblemente comprar obras de arte local en sus muchas galerías, es en lo que se va el tiempo en este paraíso. Panajachel en cambio, es un paseo más aventurero. La carretera es excelente y en menos de una hora se llega al Lago Atitlán, espectacularmente bordeado por volcanes. Varios transportes lacustres conectan a los diferentes pueblos rivereños, donde la gente gusta de ir a comprar textiles directamente de los indígenas.

Flores, en el Lago Petén

Si hay tiempo en Guatemala, antes de tomar el vuelo a Flores, vale la pena tomar una excursión a caballo para subir al Pacaya, un volcán muy activo con frecuentes emanaciones de ríos de lava al rojo vivo, que se ven mejor al atardecer, con la ciudad como trasfondo, ya que está a sólo 40 km del centro. Flores es una pequeña isla folclórica, atiborrada de mochileros, a la cual es mejor contemplar a distancia, desde los hoteles que están en Santa Elena, de típico ambiente centroamericano. Aquí hay que hacer noche para salir muy temprano a Tikal, ya que el hospedaje en las inmediaciones de la zona arqueológica es escaso. Para llegar allí hay que rodear el Lago Petén. Si no llevan prisa, hay una desviación para ir a Yaxha que es una ciudad maya con un remoto parecido a Manhattan por sus pirámides de tipo rascacielos, y desde las cuales se tiene una vista maravillosa de toda la región por encima de la selva. Tikal, en cambio, es mejor por la tarde, cuando las multitudes comienzan a irse. Muchos dicen que esta ciudad es muy parecida a otras de la península de Yucatán, pero lo cierto es que son otra cosa muy diferente; sus empinados templos denominados con números romanos están tan perfectamente diseñados, que se puede escuchar claramente la conversación de uno a otro. La selva que lo rodea está plagada de animales salvajes que de alguna manera se han acostumbrado al bullicio turístico y hacen su vida con normalidad, para deleite de todos. 

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